Porque todos llevamos un jardincito por dentro... El horizonte se vuelve obstáculo cuando dejamos que el exterior se apodere de nuestros paisajes interiores; cuando dejamos que las miradas se pierdan y se olviden de los alegres valles y verdes colinas, de las anchas playas de blanca arena y los bulliciosos acantilados de espumosa picardía que bullen dentro de nosotros. Miradas que nos recuerdan, en sordo grito, que hay que acudir, re-posar, re-cargar y re-vivir bañados en nuestra verdadera esencia. Miradas que, al final, no se pueden ocultar; y se nos escapan entre botones de chaquetas, suelas de zapatos, nudos de corbatas, capas de maquillaje, anteojos de sol...