...Le gustaba su vida.
Aceptaba y reconocía sus fracasos y luchaba por desarrollar cada día más sus talentos, sus voluntades de bien, su deseo por mejorar al mundo, su mundo.
El grupo lo escuchaba atentamente, asintiendo o deteniéndose en alguna palabra o frase que reclamara su atención.
Del silencio, al ruido, del ruido a la canción...
Todos hablaron. Todos escucharon.
Y, ya de noche, en cómplice pausa reparadora, todos desaparecieron, todos quedaron inertes en algún determinado tiempo y espacio único a cada quien.
Así se encontró Kocol al despertar, solo, confuso y ajeno a su pertenencia grupal.
Y siguió su camino...
Aceptaba y reconocía sus fracasos y luchaba por desarrollar cada día más sus talentos, sus voluntades de bien, su deseo por mejorar al mundo, su mundo.
El grupo lo escuchaba atentamente, asintiendo o deteniéndose en alguna palabra o frase que reclamara su atención.
Del silencio, al ruido, del ruido a la canción...
Todos hablaron. Todos escucharon.
Y, ya de noche, en cómplice pausa reparadora, todos desaparecieron, todos quedaron inertes en algún determinado tiempo y espacio único a cada quien.
Así se encontró Kocol al despertar, solo, confuso y ajeno a su pertenencia grupal.
Y siguió su camino...

1 comentarios:
Viene a mi recuerdo Almustafá, aquel profeta que deja sus semillas de sabiduría en cada puerto, para luego alejarse con el mar que lo seduce entre ola y ola. Aquel que como Kocol, antes de irse, después de que todos se han marchado, reflexiona sobre el despertar, y como águila sin nido que lo ate, cruza el oceánico cielo para llegar el sol!
Kocol, sigue su camino, con paso firme y perseverante… y en el tiempo presente.
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