viernes, mayo 06, 2011


...Le gustaba su vida. 

Aceptaba y reconocía sus fracasos y luchaba por desarrollar cada día más sus talentos, sus voluntades de bien, su deseo por mejorar al mundo, su mundo. 

El grupo lo escuchaba atentamente, asintiendo o deteniéndose en alguna palabra o frase que reclamara su atención. 

Del silencio, al ruido, del ruido a la canción...
Todos hablaron. Todos escucharon.

Y, ya de noche, en cómplice pausa reparadora, todos desaparecieron, todos quedaron inertes en algún determinado tiempo y espacio único a cada quien.

Así se encontró Kocol al despertar, solo, confuso y ajeno a su pertenencia grupal.

Y siguió su camino...

1 comentario:

voces dijo...

Viene a mi recuerdo Almustafá, aquel profeta que deja sus semillas de sabiduría en cada puerto, para luego alejarse con el mar que lo seduce entre ola y ola. Aquel que como Kocol, antes de irse, después de que todos se han marchado, reflexiona sobre el despertar, y como águila sin nido que lo ate, cruza el oceánico cielo para llegar el sol!
Kocol, sigue su camino, con paso firme y perseverante… y en el tiempo presente.