martes, septiembre 18, 2007

"El radiante sol y el salitre cochenses agrietaron y sanaron muchas de las heridas de su pequeño cuerpo. Su concha relucía y había retomado un color vivo, fuerte. A pesar de la desazón, cerró sus ojos y vagó, como había aprendido a hacer, dentro de sí mismo y agradeció cada detalle de su entorno que le hacía sentir esa renovada existencia: Dios, el viento, el oleaje, la arena, la sal, los rayos del sol, la presencia de otros seres vivos, la esperanza… y así quedó rendido sobre la playa, agotado pero satisfecho de otro día vivido". Sobre Kocol.

2 comentarios:

cm dijo...

¿Será que uno debe volver de vez en cuando a sus orígenes para agradecer el estar vivo? o será que siempre hay que agradecer para que la vida nos premie recordándonos estar... En último caso, cada vez que tengamos oportunidad vamos a tendernos de cara al sol y sonriamos tan sólo porque podemos respirar!!!

Kocol dijo...

Uy, sí, es cierto, ser originales nos de-vuelve al origen, nos acerca a nuestro ser, y nos recuerda que es en los detalles donde nos encontramos y podemos ser quienes somos para, sólo entonces, sonreir.